Georreferenciación y concordancia Registro - Catastro

En este post explico qué es la georreferenciación, y cómo debemos usarla para aplicar los preceptos de la ley 13/2015, partiendo de que no es necesario conocer en detalle cómo se representa el mundo para poder usar mapas, GPS o la cartografía catastral, aunque sin duda facilita su comprensión.

En agosto yo había retwiteado este artículo de Fronterasblog sobre los sistemas de proyección cartográfica, porque me parecía un tema interesante desde el punto de vista de alguien que normalmente usa mapas para orientarse en el monte. Paralelamente, había surgido un repentino interés por la georreferenciación debido a la reforma de la ley hipotecaria, que introduce el palabro georreferenciación en nuestro mundo jurídico, algo que pude comprobar al asociar ese twit con un artículo del blog de Francisco Rosales sobre el mismo tema. Ambos son útiles para entender conceptos como coordenadas, husos, UTM, etc.

Debo aclarar primero que se distinguen dos grandes temas que se nos presentan mezclados: uno, la técnica de representar gráficamente el planeta en dos dimensiones empleando coordenadas exactas y la escala correcta, es decir, hacer mapas, (algo a lo que viene dedicando el ser humano grandes esfuerzos desde el inicio de la civilización), y; dos, la coordinación del Catastro con el Registro de la Propiedad para eliminar ineficiencias y duplicidades en la Administración, un objetivo más reciente y, tal vez no menos modesto.

Vamos con el primero. Los antiguos se basaban en las estrellas, los medievales usaban un sextante y un transportador de ángulos... Hoy georreferenciamos nuestra posición geográfica concreta usando un GPS (Global Positioning System) bien calibrado. De igual manera se georreferencian los vértices de las parcelas, de modo que uniendo esos puntos se obtiene el perímetro y por tanto se puede hallar la superficie de una parcela concreta con un nivel de precisión alto. Esto es el sistema de referencia: en la práctica, un dispositivo GPS capta la señal de los satélites artificiales puestos en la órbita terrestre y nos arroja un valor.

Previamente se ha adoptado una convención necesaria para asignarle un valor (x, y) a cada punto de la superficie terrestre. A esto se llama sistema de proyección (el Universal Transverse Mercator), y es la forma más adecuada que se ha encontrado hasta ahora de trasladar nuestro planeta 3D a 2D.

croquis

Si reflexionamos sobre ello, vemos que nos aproximamos a la noción de mapa puesto que implica la representación gráfica de los terrenos usando la escala apropiada y coordenadas exactas. Prescindiendo de escala y coordenadas, tendríamos también una representación gráfica de los terrenos, pero no georreferenciada, es decir, un croquis, con las dificultades que se seguirían para verificar la doble concordancia, tal como se aprecia en este plano facilitado en el Catastro en los años ochenta.

Volviendo al valor que nos arroja el GPS, la coordenada exacta dentro del huso en que nos hallemos, el GPS utiliza el sistema de referencia geodésica WGS 84 (World Geodetic System, elipsoide 1984). En la cartografía catastral se usa el ETRS89 (European Terrestrial Reference System), que fue adoptado ese año como sistema de referencia geodésica de la placa euroasiática. Usaremos un conversor de WGS84 a ETRS89 para adaptar nuestra medición a los criterios técnicos de la Cartografía catastral, comprobando que la variación es mínima.

Para cotejar estas coordenadas con las de la Cartografía Catastral podemos usar la herramienta para medir que incorpora la aplicación web de la Consulta de datos catastrales. Sabiendo ahora en qué se basa el sistema de proyección cartográfica y el sistema de referencia geodésica, se entiende que la coordinación pretendida por la norma debe partir de la ordenación de los terrenos, no del Registro ni de la Cartografía Catastral.

Sobre el segundo elemento de la discusión. Georreferenciación y concordancia confluyen en la farragosa redacción que la ley 13/2015 da a los artículos 9 y 10 de la ley hipotecaria, en un intento de que se alcance la doble concordancia: primero, la concordancia Catastro-Registro y, segundo, que ésta refleje cabalmente la realidad extrarregistral: la ordenación de los terrenos.

A continuación pongo un ejemplo sencillo y real del rompecabezas que plantea el legislador. Partimos de la realidad extrarregistral, el área poligonal que forman los linderos de mi pomarada, una parcela cierta de la superficie terrestre que conozco bien, de hito a hito, porque es mía. Segundo paso, el Registro de la Propiedad: que la finca se encuentre expresada con identidad y exactitud en el folio real tanto en cuanto a superficie y colindantes se refiere (y demás extremos del artículo 9), como a expresión gráfica que emplea una escala correcta y coordenadas exactas, (georreferenciación). Por último, tercer paso, que además, el sistema de información geográfica (SIG) del Catastro,  ̶ actualmente la Cartografía Catastral ̶ , coincida exactamente con mi parcela, cuya expresión gráfica georreferenciada  ̶ básica o alternativa ̶ , se incorporará al folio real.

Curiosamente, no se da ninguna de estas coincidencias. La parcela tiene su superficie cierta, en la descripción literaria se expresa otra, y la cartografía catastral representa otra realidad. Afortunadamente, el disfrute de mi derecho sobre la parcela es totalmente ajeno a la coordinación con la representación gráfica catastral, y a la inmatriculación, si fuera el caso. 

Intentaré explicar qué prevé la norma para remitir esta situación a la ansiada concordancia en la próxima publicación.


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